martes, 27 de julio de 2010

Airbender, el último guerrero

Basada en la serie animada de televisión de Nickelodeon “Avatar: The Last Airbender”, esta película de acción real, dirigida por M. Night Shyamalan para la Paramount, recrea un mundo épico desmesurado, protagonizado por la fantasía y las artes marciales.

La civilización humana se divide en cuatro naciones: Agua, Tierra, Aire y Fuego. La Nación del Fuego está librando una guerra despiadada y opresiva contra las otras tres naciones. El héroe de la película, un maestro del Aire, el joven Aang (Noah Ringer), es el avatar reencarnado que, de acuerdo con la profecía, tiene la capacidad de regir todos los elementos y de unir de nuevo todas las naciones en la paz. Ayudado por una maestra del Agua llamada Katara (Nicola Peltz) y su hermano Sokka (Jackson Rathbone), Aang emprende un peligroso viaje para devolverle el equilibrio a su mundo destrozado por la guerra.

Rodada en 2D, aunque reconvertida al 3D en postproducción, se trata a pesar de todo de una aventura mediocre y muy tediosa, que no llega a atrapar al espectador. La música es envolvente y cansina, no da un respiro. Los guiones no sabes por dónde van, ni explican bien las razones que mueven a los personajes. Y en cuanto al reparto, en su mayoría joven, el único que es convincente es Dev Patel (el entrañable Jamal protagonista de “Slumdog millionaire”), que interpreta al vengativo príncipe Zuko. Tiene, eso sí, espectaculares efectos especiales y escenarios grandiosos.

Por su mucha acción y poca sustancia, gustará a adolescentes aficionados a los videojuegos y a los cómics.

sábado, 26 de junio de 2010

En la boda de mi hermana

Beth (Kristen Bell) viaja a Roma para asistir a la boda de su hermana. Allí conoce a Nick (Josh Duhamel), un reportero amigo del novio, y se atraen mutuamente. Pero desilusionada con él, desafía a la estatua de una “diosa del amor” y recoge unas monedas de su fuente. En ese momento provoca la pasión de los propietarios de aquellas monedas: un viejo magnate de salchichas, un mago callejero, un pintor bohemio y un modelo narcisista, que la persiguen a todas horas disputándose su amor. De vuelta a Nueva York se reencuentra con el encantador reportero, y piensa que él también está bajo la influencia del embrujo. Así que tiene que buscar la manera de deshacer el hechizo para tratar de averiguar si su amor es el verdadero.

Éste es el estúpido argumento de una estúpida comedia con unos estúpidos guiones, sin chispa, sin energía, sin ni siquiera gracia. Prometía algo mejor: el contraste de dos ciudades como Nueva York y Roma, el entorno glamouroso de una boda, unos protagonistas atractivos. Pero es todo tan ñoño e insulso… Una de las películas más aburridas y bobas que he visto en muchos años.

miércoles, 9 de junio de 2010

La última cima

Es la historia real y conmovedora de un sacerdote llamado Pablo Domínguez, decano de la Facultad de Teología de San Dámaso, que murió en 2009 en un accidente de montaña con tan sólo 42 años. Ha sido una productora española, Infinito Más Uno, la que se ha encargado del proyecto, con más dosis de creatividad e ingenio que de presupuesto, aunque la cinta resulta una emotiva e incluso divertida película.

Juan Manuel Cotelo, el director, presenta él mismo el film de una manera poco convencional, hablando de la dificultad de haberse “metido en líos” al acometer esta tarea, ya que no se trata de un cura pederasta, ni ladrón, ni manipulador ávido de poder, ni, en el mejor de los casos, un misionero en una selva perdida. Sino de un sacerdote “normal”, cuya vida merece ser contada por sus numerosas cualidades: alegre, piadoso, listo, intelectual, apuesto, cercano, entregado a los demás. Todos los que le conocieron guardan recuerdos personales imborrables de su amistad y cariño y cuentan testimonios conmovedores.

Con insistencia le pedían que predicara ejercicios espirituales. Y no sabía decir que no. Eso le llevó al convento cisterciense de Tulebras (Navarra) en febrero de 2009. Les habló de la muerte, y lo hizo con alegría. Al día siguiente subió al Moncayo, la única cima española de más de 2.000 metros que le quedaba por conquistar. Las últimas palabras que dijo a su familia por teléfono, unos minutos antes de morir, fueron: «He llegado a la cima».

El director muestra el testimonio de muchas personas que trataron a Domínguez: otros sacerdotes y obispos, alumnos y alumnas de la facultad de teología de San Dámaso, padres y hermanos, amigos... También hay fragmentos de una conferencia, de una entrevista y de unos ejercicios espirituales.

Pero el acierto es combinar todo este material con la opinión de personas de la calle que hablan de lo que piensan de los sacerdotes en la actualidad. Lo que le permite abordar temas como el celibato, la celebración de la misa y lo que debe ser un sermón, la confesión, los momentos de contradicción, la muerte...

Merece la pena ir a verla cuanto antes, pues no durará mucho en los cines.

martes, 1 de junio de 2010

La última canción

Basado en el último libro del escritor Nicholas Sparks “The last song” -que ha participado en el guión-, la Touchstone Pictures presenta un melodrama, romántico y algo lacrimógeno, que tiene lugar en una pequeña ciudad del sur de los Estados Unidos, en un paisaje idílico de la costa.
Un padre separado (Greg Kinnear) recibe durante el verano a sus dos hijos: una huraña adolescente, Ronnie (Miley Cyrus), que hubiera preferido pasar las vacaciones con su madre en Nueva York, y su hermano menor de 10 años, Jonas (Bobby Coleman), quien adora a su padre. El padre trata de volver a conectar con su hija a través de lo único que tienen en común, la música y el piano. En el pueblo, Ronnie a duras penas hace amistades y pasa por ser una chica rara, pero conoce a Will (Liam Hemsworth), un muchacho guaperas que esconde más de un secreto y un gran corazón.

Es una historia de perdón, de segundas oportunidades y de primeros amores. Valores como el bien y el mal, la lealtad y la amistad, el trabajo, la alegría de vivir y simpáticas pinceladas de ecologismo salpican toda la trama, que se hace muy entretenida. Una pena que, como siempre, todo arranque de una familia rota, y que las separaciones figuren como algo “inevitable” con el paso de los años.

Miley Cyrus, como chica rebelde, desempeña bien su papel; pero quien está verdaderamente soberbio es el pequeño Bobby Coleman, en su papel de Jonas, que transmite autenticidad en cada una de sus intervenciones. Buena música y escenas encantadoras como las rodadas en el Acuario o la de las vidrieras de la iglesia.

Aconsejo verla en versión original subtitulada, ya que –como suele ser habitual- pierde bastante al ser traducida. Chiflará a las adolescentes.

jueves, 20 de mayo de 2010

Prince of Persia: las Arenas del Tiempo

Walt Disney y Jerry Bruckheimer, el equipo que llevó “Piratas del Caribe” a la pantalla grande, nos trae ahora esta aventura situada en la Persia del siglo VI. Dirigida por Mike Newell, director de “Harry Potter y el Cáliz de Fuego”, cuenta la historia de Dastan (Jake Gyllenhaal), un joven y rebelde príncipe, aunque de origen humilde, que tiene que huir de su país para no morir. Se ve forzado a unirse a la misteriosa y bella princesa Tamina (Gemma Arterton) para salvaguardar una antigua daga capaz de liberar las Arenas del Tiempo. La misteriosa daga, que quieren conseguir a cualquier precio los traidores, es un regalo de los dioses que tiene la capacidad de volver atrás el tiempo si se derrama de su empuñadura un poco de arena, y otorga, por ello, a su dueño el poder absoluto sobre el mundo, ya que puede cambiar los acontecimientos.

Fantasía trepidante a lo Indiana Jones, con efectos especiales de última generación en luchas y escenas de acción realmente inverosímiles, y una atmósfera mágica que se consigue con una fotografía sepia y la luz cegadora del sur de Marruecos, donde se rodó la mayor parte del film. De todo ello se obtiene una película muy Disney, una película de aventuras genuina, con traidores y hechiceros siniestros, serpientes espeluznantes, sortilegios, luchas y batallas, humor y mucho romanticismo. Y hasta una carrera de avestruces...

Un verdadero cuento a lo Aladino, que gustará mucho al público juvenil.

jueves, 13 de mayo de 2010

Robin Hood

Russell Crowe vuelve a sus orígenes, es decir, a ser un gladiator en estado puro. Porque se unen de nuevo Ridley Scott (director de Gladiator) y Russell Crowe como héroe épico de una leyenda que ha sido llevada más de treinta veces a la pantalla grande, la primera en 1913 y la última en 2006. Todo el mundo recuerda la célebre versión protagonizada por Errol Flyn en 1938 o la de Kevin Costner en 1991.

¿Héroe o forajido? La película, que inauguró el Festival de Cannes, tiene un enfoque distinto del habitual: no se centra en las aventuras del proscrito “que roba a los ricos para darlo a los pobres” en el bosque de Sherwood, sino que explica cómo un hombre de humilde cuna se convierte en un símbolo de libertad para su pueblo y narra la razón de su ostracismo. Y en este sentido es un acierto, porque no es más de lo mismo.

El contexto histórico es la Inglaterra de principios del siglo XIII. Robin Longstride es un experto arquero al servicio del rey Ricardo Corazón de León, que vuelve de la Tercera Cruzada. Al morir el rey en el asedio a un castillo en Francia, Robin vuelve a Nottingham, una ciudad aplastada por los impuestos. Allí se enamora de lady Marion Loxley (Cate Blanchett), señora del lugar, al hacerse pasar por su marido, ya muerto, para que ésta no pierda sus posesiones. Pero comienza una guerra civil entre los partidarios del tiránico rey Juan y los nobles, que desean una monarquía regida por una Carta Magna que les garantice una cierta protección legal. Francia, además, intenta conquistar los territorios británicos al ver la debilidad y la ineptitud del nuevo rey. Robin se verá inmerso en estas luchas y sufre en sus carnes la venganza del rey.

La película, de Universal Pictures, tiene mucha acción, una fotografía y un movimiento de cámaras extraordinarios en las impresionantes escenas bélicas y una puesta en escena grandiosa, con atmósferas realistas y paisajes maravillosos rodados en Gales. El carcaj y las flechas cobran gran protagonismo, como el espectacular “vuelo” a cámara lenta de la saeta crucial que dispara Robin Hood en una de las escenas finales. Los compañeros de Robin, los merry men y el célebre fraile borrachín, son tratados con humor, y el personaje de Lady Marion, interpretado por Cate Blanchett, no se trata de una débil doncella, sino de una mujer con fuerte personalidad pese a la escuálida y pálida figura de la actriz, que recuerda mucho a la etérea Galadriel de “El Señor de los Anillos”.

Es una excelente película de principio a fin, muy visual, con un guión correcto (quizás con demasiadas explicaciones en off al principio), inscrita en un cuadro deslumbrante que parece trasladarnos totalmente al siglo XIII. Contiene bastante violencia, pero no es sangrienta ni desagradable. Para jóvenes/adultos.

lunes, 3 de mayo de 2010

El Pastel de Bodas

Bérengère (Clémence Poésy) y Vincent (Jérémie Renier) se casan según dicta la tradición de la buena sociedad burguesa: de blanco y de etiqueta, en una pequeña iglesia en la campiña francesa y lo celebran en un magnífico chateau por todo lo alto. Siguiendo la costumbre, ambas familias y los amigos se encuentran en un bonito día de primavera. Pero enseguida se pone de manifiesto la forma de ser de cada uno, sus contradicciones, sus problemas, sus fobias y las relaciones difíciles entre unos y otros, incluso con momentos muy tensos y situaciones surrealistas. Además, durante la fiesta se descubrirá un grave secreto familiar que a todos trastorna.

En esta comedia de corte romántico, pero llena de un humor tremendamente ácido, el director francés Denys Granier-Deferre hace hincapié en la hipocresía de cierta sociedad que sigue ciegamente las costumbres sin creer ni poner el corazón en ellas. Y en ese aspecto estoy de acuerdo con esta crítica.

Sin embargo, las relaciones amorosas entre los personajes y especialmente todo lo que se refiere al matrimonio eclesiástico, está imbuido de mucho desencanto y crítica descarnada. Mucha gente se casa “por la iglesia” por lo lucida que es la ceremonia, sin creer en el sacramento ni en el compromiso de fidelidad que está adoptando de por vida. Hay momentos en que arranca la carcajada por lo bien que refleja este fenómeno social tan actual del boato sin alma.

Al ser una producción coral, los personajes están hábilmente dibujados, aunque tengan “pocas frases”, cada uno con su drama particular y sus prejuicios, como en el caso de la niña con Síndrome de Down. Lo que no se entiende bien es la actitud contradictoria del sacerdote, entre sus creencias, bastante rutinarias por cierto, y su modo de actuar: no tiene ningún sentido, y sin embargo, lo pintan como el elemento más humano.

Toda la película se inscribe en un marco de gran elegancia visual, de bellos planos, con un montaje sereno y una música llena de contrastes, de un clasicismo refinado, que a veces no “pega” con lo que está pasando, intentando llevar al desconcierto. Por ejemplo, la música es alegre cuando los personajes están tristes, y viceversa.

Es una película para adultos por la complejidad de los matices que narra.